Abogados, Lecheras, Cuentos y Nubes

Supongo que a todos nos han contado el cuento de la lechera. Ya sabéis, ese tan bonito en que una lechera aspirante a broker de derivados en la City lo pierde todo por tropezar en una piedra. La semana pasada un abogado nos contó una nueva versión del cuento: ‘El cuento de la lechera 2.0’. En esta nueva versión del cuento, el prestigioso abogado Javier Mestre se mete en la piel de Pepito Grillo y nos muestra lo malos que son los consultores tecnológicos sin escrúpulos, y lo malo, malísimo que es Google y sus aplicaciones en La Nube: Google Apps Premier Edition. Ya hay suficientes reacciones en la blogosfera para que encima venga yo a darle más palos al Sr. Mestre. Para mí el mejor post es el de Desencadenado, y desde luego echo de menos algo de pedagogía por parte de Google en su tibia respuesta. ¡Si hasta Enrique Dans ha esta bien!

Javier Mestre es una figura importante en el mundo del Derecho aplicado a las tecnologías. Creo que podía haber escrito un artículo mucho más interesante si se hubiera centrado en los verdaderos problemas que deberán afrontar las empresas que quieran trasladar sus aplicaciones a La Nube. Y estos problemas son exactamente los mismos que tienen las empresas que alojan sus bases de datos locales en países remotos. Vamos, que no es algo nuevo. Pero sí más frecuente. En un mundo donde las empresas están completamente distribuidas y por lo tanto sus Centros de Datos no conocen de fronteras aplicar legislaciones cuyo marco jurisdiccional esta limitado por las fronteras es un brindis al sol. Es imposible.

Supongo que habrá que buscar otro marco que sea capaz de dar seguridad y confianza a los usuarios, independientemente del país donde se encuentren. Y aquí es donde surgen nuevos conceptos como los que proponen la gente de la Sociedad de las Indias Electrónicas. ¿Tal vez Filés? No se si lo he entendido bien, pero son conceptos que se adaptan bien a esa estructura sin restricciones físicas que es La Nube.

Todos tenemos un mal día: pensemos bien y aceptemos que el Sr. Mestre no estuvo acertado.

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